Una americana en Cuba: Adriana Harvey habla de su verano en La Habana

Viajé a Cuba como estudiante en el verano de 2003 sin saber qué esperar en el marco de un programa de estudios en el extranjero para estudiantes. Me debatía entre las imágenes románticas del Che Guevara y Fidel Castro como revolucionarios que derribaban la dictadura de Batista y el capitalismo y los retratos mucho más oscuros de Castro como déspota represivo que aplastaba la libertad de expresión y otras libertades. Intenté vaciar mi mente de las nociones sesgadas de Cuba impuestas por los medios de comunicación occidentales y construir mi propia percepción de la vida cotidiana de los cubanos que viven en La Habana.

 

Índice
  1. Mi estancia como estudiante
  2. Como son en cuba
  3. Mi conclusion

Mi estancia como estudiante

Durante mi estancia de dos meses como estudiante en La Habana, entablé fuertes relaciones con varios universitarios cubanos. Me sentí afortunado de conocer a personas que me acogieron con cariño y que estaban deseosas de compartir conmigo sus realidades y puntos de vista. Temía que los estudiantes trataran de ocultar las partes negativas de sus vidas o que exageraran lo mal que estaban las cosas para ganarse mi simpatía o culpar a Estados Unidos. Me impresionó lo matizada, crítica y abierta que era la gente cuando hablaba de política o de cualquier otro tema. Rechazaron rápidamente cualquier interpretación de Estados Unidos como un imperio malvado o de Castro como un dictador despiadado. La sensación que me transmitieron los estudiantes y otras personas que conocí con respecto a Castro fue que era una figura paterna envejecida. Respetaron los logros de Castro al liderar la revolución de 1959 y al ampliar el derecho a una educación y una sanidad de calidad para todo el mundo; sin embargo, también se apresuraron a criticar y burlarse de cómo Castro tiende a hablar durante horas mientras todo el mundo se duerme y no parece haber cogido la onda del siglo XXI, donde el mundo está cada vez más interconectado. Cuanto más intenta Castro mantener alejadas las influencias de los medios de comunicación estadounidenses y crear restricciones en aspectos de la vida cotidiana, más creativo es el pueblo cubano para encontrar formas de sortear estas barreras.

 

Como son en cuba

El pueblo cubano no está aislado en un país atrasado y silenciado por un régimen represivo como muchos medios de comunicación occidentales quieren hacer creer. El espíritu de rebeldía de los cubanos, su lucha creativa por sobrevivir en condiciones de pobreza y su determinación para reclamar su libertad de expresión se reflejan con mayor claridad en su música. En Cuba hay ritmo por todas partes. Esperaba ir a Cuba y escuchar música de salsa clásica similar a los sonidos del mundialmente conocido "Havana Social Club"; aunque algunos restaurantes que atienden a turistas europeos tocan este tipo de música, la mayor parte de la música que escuché en Cuba no se limitaba a estos géneros tradicionales. La timba (una versión especialmente pop de la salsa cubana), el rap, el reggae, el rock, el tecno, el hip hop, el funk, el jazz y la fusión (una mezcla de todos los anteriores) eran algunos de los muchos ritmos que salían de las puertas abiertas, que resonaban en los conciertos del Malecón (un muro y camino peatonal a lo largo del mar) y que sonaban en pequeños clubes y bares. La diversidad de la música refleja la diversidad de la cultura y los colores de la pequeña isla, así como la diversidad de las actitudes de la gente ante la vida. Las letras de las canciones, aunque me resultaban difíciles de entender a pesar de dominar bastante bien el español, estaban llenas de mensajes que denunciaban el racismo y la opresión y pedían a los cubanos que se unieran para trabajar juntos y reconstruir su país y salir de la pobreza. Mientras que desde lejos sólo vemos el rostro envejecido de Castro y escuchamos los dulces sonidos de la salsa tradicional, dentro de Cuba los jóvenes están creando nuevos ritmos vibrantes y liderando cambios con energía que combinan la cultura y los valores cubanos con los de la comunidad globalizada del siglo XXI.

Mi conclusion

Todavía hay muchos problemas en Cuba. Como estadounidense de clase media, era difícil ver a la gente luchando por tener suficiente comida. Era la primera vez en mi vida que visitaba un restaurante donde lo único que había en el menú eran frijoles, arroz y pollo. Empecé a acostumbrarme a conservar el agua para cuando no había con qué ducharse o beber y a usar velas cuando se iba la luz. Fue un poco chocante hacer cola durante horas para conseguir un helado en la Coppelia o coger un autobús repleto de gente y sin A.C. El pueblo cubano es extremadamente fuerte y resistente en su capacidad de aprovechar lo poco que tiene y seguir riendo y disfrutando de la vida.

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